lunes, 25 de septiembre de 2017

12. Laberinto selva oscura


"Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y si no osamos emprenderla, nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos."
Fernando Pessoa

Entonces los laberintos en que nos perdemos (por gusto o no) no son siempre vegetales. Nos perdemos en el coro de voces, en las memorias que se agitan como pequeñas hojas susurrantes, dejamos que nos arrastre el viento por ellas olvidando que buscábamos una salida, porque finalmente, y esto es el nódulo, la semilla, el carozo dentro de la pulpa, la idea no es escapar del laberinto, sino anidar en su centro hasta que el cuerpo vuelve a ser frutal y de la almendra germina el árbol, ese que veníamos evitando porque precisamente, era el que construía el bosque, es decir la selva subterránea, y el árbol no nos dejaba ver el bosque y el bosque nos escondía el árbol.

Ana María: Qué hermoso este reconocimiento de los múltiples laberintos que portamos y que somos. En algún momento vi que el laberinto era el cuerpo de la propia Ariadna.

Cristina: La memoria es el laberinto más increíble de nuestro cuerpo.

Siria: Laberinto de mi memoria, se encuentra uno en tantas vidas a lo largo de la propia vida!!!

Ana María: Los amplios palacios de la memoria, decía san Agustín.

A todas estas, llegamos al día 12 del ciclo Artemisal/Lastimaré precisamente en plena inmersión clorofílica, podemos mirar hacia atrás y recorrer los pasos y comparar con los otros doce, caminados hace cinco años, cuando otra vez se acababa el mundo nuevamente, como ahora, y encontrar ese camino que dibujamos hacia el centro y hacia los bordes, al tiempo que delineamos el propósito de esta vuelta con más precisión para que el pájaro cante más duro.

Claudia: El ciclo Artemisal de verde cazadora para permanecer en el bosque laberinto, gélida o dormida, en sí misma y punto se acabo,  escudriñando ramas ancestrales, transformando el veneno hasta el agua de vida, a punto de el florecimiento y cerca de alcanzar el canto originario de ave. Con estas cuentas me armo un collar de órbitas sincrónicas, mientras seguimos con el culo al aire. Qué nos espera más allá, el otro propósito? No veo bien, sigo aferrada al centro, del vertiginoso laberinto.

Hilse: Recorrido.
Llevamos en el cuerpo distintos laberintos, pequeños, escondidos.
Algunas no sabemos que están allí, hasta que otros se enredan en sus encrucijadas y caminos.
Tenemos un laberinto en la manos. Otro en los ojos. Otro en la boca. Uno en la nariz. Y el más conocido,  el del oído.
Cuando algo, una emoción, por ejemplo, o alguien, un amante, un hijo, una amiga, se pierde temporalmente en algunos de nuestros laberintos, viajamos a ellos, al rescate de lo allí perdido.
 Bastará con tomar de la mano lo que se encuentre allí, perdido o extraviado, los laberintos del cuerpo responden al buen tacto.
A veces, nosotras mismas nos perderemos en nuestros laberintos,  y será la mano de otro, o más bien su alma o corazón que vendrá a acompañarnos en el recorrido.
No debemos temer a los laberintos del cuerpo, ellos son tan necesarios como los huesos, los músculos, la sangre. Son jardines secretos, callados.

Siria: mi laberinto también es cotidiano, ese que se te pone enfrente y te distrae de seguir el hilo rojo que te has venido dejando, para saber por donde ya has pasado, eso que es imperiosa necesidad de resolver pero que esta lejos de tu propósito. En ese laberinto, sin embargo, también encuentras pistas, y sincronías, llevar lápiz y papel a veces ayuda para hacer apuntes.

Mañana cambiaremos de traje, quizás ese cambio tome todo el día porque cambiar de traje es una operación delicada, a partir del miércoles estaremos transitando por el camino de Nieves en Chipre.

Entender la secuencia Fibonacci como ritmo de la vida ha sido más revelador que la gran mayoría de los libros que leí el último año.

Toca aprender a ser la que camina por el laberinto que soy.

2 comentarios:

  1. Las cartas de este ciclo Artemisal/Lastimaré están tan interconectadas que es gozo, descubrimiento, asombro y lágrima en simultáneo. Como el tiempo.

    Preparo mi abrigo para la nieve

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  2. Anidando en el laberinto, preparando para el frío...el laberinto se recorre en frío que conseguire en la propima etapa del viaje..

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